El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (MAFC) lleva ya seis meses en fase plenamente operativa. Ahora la Comisión Europea quiere ampliarlo a los productos transformados con contenido de acero y aluminio, y el Comité Económico y Social Europeo ha dado su apoyo a la propuesta con una votación prácticamente unánime. La ampliación incorporará entre 3.800 y 3.900 pymes nuevas al perímetro del mecanismo. ¿Qué implica para la industria catalana?
Un instrumento climático en fase adulta
Desde enero de 2026, el MAFC ha dejado de ser un ejercicio de reporting para convertirse en un mecanismo plenamente operativo: los importadores de cemento, hierro y acero, aluminio, fertilizantes, electricidad e hidrógeno ya deben comprar y entregar certificados MAFC que reflejen las emisiones incorporadas de sus productos. En paralelo, la UE está eliminando progresivamente los derechos de emisión gratuitos del RCDE para los sectores cubiertos. La lógica es clara: si los productores europeos dejan de recibir derechos gratuitos al mismo ritmo que sube la protección en frontera, todos pagan el mismo precio del carbono y se elimina el incentivo a deslocalizar producción fuera de Europa.
Esta arquitectura, sin embargo, tenía una grieta evidente: no cubría los productos ya transformados. Nada impedía importar piezas, componentes o semimanufacturas de acero y aluminio —producto de alto contenido en carbono— y esquivar así el mecanismo. Es lo que en la literatura técnica se conoce como downstream leakage.
Por qué hay que cerrar la grieta
La propuesta COM(2025) 989 final modifica el Reglamento (UE) 2023/956 para extender el MAFC a mercancías transformadas con contenido de acero y aluminio, e incorpora medidas anti-elusión. Según la evaluación de impacto de la Comisión, la ampliación reducirá el riesgo de fuga de carbono en aproximadamente un 25%.
El Dictamen CESE C/2026/3243, aprobado el 19 de marzo con 220 votos a favor y ninguno en contra, apoya la ampliación pero pide atención a la proporcionalidad administrativa y a la coherencia entre códigos de la Nomenclatura Combinada incluidos y excluidos, para evitar nuevas formas de elusión.
3.900 pymes nuevas en el perímetro
La Comisión estima que la ampliación someterá a entre 3.800 y 3.900 pymes nuevas a obligaciones de notificación. Hay que recordar que el paquete Ómnibus 1 ya subió el umbral de aplicación de 150 € a 50 toneladas anuales, reduciendo en un 90% el número de importadores afectados pero manteniendo el 99% de las emisiones cubiertas. El CESE pide estudiar un periodo transitorio limitado similar al de la fase inicial, por ejemplo imponiendo la compra y devolución de certificados MAFC de 2028 con cierto desfase.
Un aspecto técnico relevante: a diferencia del MAFC actual, el umbral de 50 toneladas para productos transformados se aplicará al peso total, no solo al contenido de acero y aluminio. El CESE recomienda que los importadores puedan demostrar de manera creíble que el contenido de estos materiales está por debajo del umbral para evitar cargas desproporcionadas.
Los cuellos de botella operativos
Tres cuestiones marcarán la fase siguiente del MAFC:
Disponibilidad de verificadores acreditados. La falta de verificadores está obligando a usar valores por defecto en muchos casos. El CESE reclama medidas urgentes para aumentar su oferta y que estos valores no se utilicen de manera punitiva, especialmente en productos transformados complejos (una máquina industrial puede incorporar miles de piezas).
El artículo 27 bis. Esta nueva cláusula permitiría excluir temporalmente mercancías del MAFC en circunstancias graves e imprevistas. El CESE pide criterios y procesos transparentes y previsibles para que no genere incertidumbre de inversión, y que si se activa vaya acompañada de medidas que sigan previniendo la fuga de carbono.
La cuestión de los fertilizantes. La crisis actual de importaciones de fertilizantes coincide con la puesta en marcha plena del MAFC. La Comisión ya ha exonerado a los fertilizantes de ciertos derechos de importación y ha suprimido los recargos a los valores por defecto, pero el CESE reclama un enfoque global coordinado con el plan de acción europeo de fertilizantes para garantizar las cosechas de 2026 y 2027.
El talón de Aquiles: la exportación
El paquete de la Comisión incluye un Fondo temporal para la descarbonización [COM(2025) 990 final] pensado para acompañar a las industrias exportadoras ante el fin de los derechos gratuitos. El CESE es muy crítico con él: solo dura dos años, cubre pocas mercancías y no se dirige a las empresas exportadoras en sí, sino que funciona como subvención general a sectores intensivos en exportaciones. Hace falta, dice, una solución de ajuste a la exportación estructural y conforme con las normas de la OMC, y movilizar el futuro Fondo Europeo de Competitividad como instrumento principal.
Qué implica para las empresas catalanas
La ampliación del MAFC obliga a preparar cuatro cosas:
- Cartografía del contenido de acero y aluminio en la cadena de suministro de productos transformados
- Sistemas de recogida de emisiones implícitas de los proveedores extracomunitarios, con la disciplina metodológica que exige el reglamento
- Preparación para verificación externa acreditada, anticipando el cuello de botella actual
- Identificación de oportunidades de financiación en el Fondo temporal para la descarbonización y en el futuro Fondo Europeo de Competitividad para proyectos de inversión baja en carbono
Para la industria electrointensiva catalana —siderurgia, aluminio transformador, cerámica, química, cemento, fertilizantes— el MAFC ha dejado de ser un tema regulatorio de fondo para convertirse en una variable operativa que afecta a la cadena de suministro, la competitividad y la estrategia de aprovisionamiento. Las empresas que anticipen esta transición saldrán reforzadas; las que no lo hagan se encontrarán con la doble pinza del carbono interno y el carbono frontera.
Cómo auma acompaña a la industria ante el MA
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